Año I, No. 1 * FEBRERO-ABRIL 2008

MANUEL SALAZAR Y SU LEGADO MUSICAL
Por LUIS GUSTAVO LOBO BEJARANO*

En los anales del canto costarricense la figura de Manuel Salazar ocupa un lugar de privilegio, no solo por sus aptitudes vocales sino por haber sido el primer costarricense que puso en alto el nombre del país. Sin embargo, en la historia del canto costarricense tenemos dos figuras legendarias que se han convertido en un mito:  Alejandro Aguilar Mora, mejor conocido como Cano Aguilar, compañero de estudios en Italia de la gran Rosina Storchio y patriarca de la familia de intelectuales Aguilar Machado, y la diva Zelmira Segreda. Desgraciadamente, de ellos no tenemos grabaciones ni testimonios cinematográficos que acrediten su permanencia en el mundo lírico.  Y no ha sido desinterés nuestro el tratar de ubicar estos testimonios.  En cambio, del tenor Salazar contamos con ambas posibilidades. Es lamentable el hecho de que, a nuestro conocimiento lleguen tan solo siete grabaciones con extractos de las óperas Otello, Norma, Tannhauser, La Forza del Destino, Tosca y el Agnus Dei de Bizet. Si a esto agregamos la banda sonora de la película que Salazar realizó con extractos de la ópera Otello, y donde se repiten  los fragmentos grabados para la compañía Columbia en 1929, apenas tendremos material para un disco compacto, labor que ya realizó –afortunadamente—el Ministerio de Cultura.

Pero iniciemos un recorrido semibiográfico y musical de este gran tenor que fue Manuel Salazar. Nació en San José el 3 de enero de 1887. Según su partida de bautismo se le impusieron como nombres Manuel María Daniel Francisco de Paula Salazar Zúñiga, como era costumbre arraigada en la época, de ponerle al recién nacido varios nombres de pila. Ya para el año de 1896, encontramos a Melico Salazar viviendo en la ciudad de Cartago. El vínculo afectivo entre Salazar y la vieja metrópoli perdura aún hoy día, al punto que muchos costarricenses creen que Salazar nació en aquella ciudad, cuando en realidad nació cien metros al sur de la puerta principal del Teatro Nacional, donde hasta hace poco tiempo atrás estuvo ubicada la Soda Mainieri, costado norte del Colegio Superior de Señoritas. Lamentablemente, ni siquiera una placa conmemorativa recuerda en ese lugar este hecho.  Sus aptitudes vocales fueron reconocidas desde muy joven y la idea de viajar a Italia fue acariciada, al menos,  desde  el año de 1906. El 6 de febrero de 1907, un mes y tres días después de cumplir 20 años, Manuel Salazar embarcó hacia Italia a encontrarse con su destino.

Al llegar a suelo italiano se encuentra con la familia del pianista y compositor Alvise Castegnaro y se inicia su época de estudiante en el viejo continente. Estos estudios llegan a su culminación con el debut que realiza en el viejo Teatro dal Verme en Vincenza en el papel masculino principal de la ópera Lucia di Lammermoor en 1914. Años atrás, en 1911, había debutado en Costa Rica con Cavalleria Rusticana de Pietro Mascagni y con I Pagliacci de Ruggero Leoncavallo. También el año de 1914 fue un año afortunado para el tenor en su vida personal: el 22 de marzo de ese año contrae matrimonio en Turín con la señorita Angiolina Viassone Cantero, quien fue su compañera durante el resto de su vida y falleció en San José, en 1989, siempre guardando el recuerdo de su amado esposo.

Escuche la interpretación de Manuel "Melico" Salazar del aria "Niun mi tema" de la ópera Otello de Giuseppe Verdi . Cortesía de Luis Gustavo Lobo.

 

La labor artística de Salazar se desarrolló durante varias temporadas más  y podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que el mayor logro de su carrera se da al debutar en el Metropolitan Opera de New York, el 31 de diciembre de 1921, sustituyendo al indispuesto tenor Giovanni Martinelli, en la ópera La Forza del Destino, junto a Rosa Ponselle, Giuseppe Danise  y bajo la dirección de Gennaro Papi. A esta Forza siguieron funciones de I Pagliacci, Aida, Andrea Chénier, además de haber participado en dos conciertos cantando fragmentos de Tosca y de Aida… Toda esta actividad la desarrolló entre el 31 de diciembre de 1921 y el 22 de abril de 1923. La referencia importante la tenemos ahora a partir del año 1929: es en ese año que aparecen los primeros registros sonoros de Salazar. Hasta esa fecha había rehusado llevar a cabo grabaciones. Nunca le gustó como sonaba su voz en una grabación.  Afirma Julio Molina en su libro sobre Salazar que el propio Melico le confió a Zacarías Mora Brenes, su amigo y antiguo discípulo, que había grabado discos que nunca llegaron a ser editados.  Rumores y leyendas han corrido:  desde la existencia de estos registros hasta ensayos completos de La Forza del Destino…. De todo se ha especulado… pero ahí acaba todo, en mera especulación.

Lo que sí queda es la película  con fragmentos del Otello verdiano, como un testimonio tangible del arte de Salazar. Esta filmación fue realizada hacia 1930 y contó con la participación de la soprano Lelane Rivera, en el papel de Desdémona. Pese a que son solo 40 minutos de filmación, Salazar se comporta como un actor consumado y un cantante de primera magnitud.  Después de pasear su arte por muchísimos escenarios, Salazar regresa a Costa Rica hacia 1938, y ya para 1940 lo tenemos al frente del grupo que funda la Ópera Nacional. Se dedica a dar clases y a su entorno familiar. Manuel Salazar fallece, pobre y agobiado, para deshonor de los costarricenses, en su natal San José, el 6 de agosto de 1950.

Fachada del Teatro Popular Melico Salazar, en el corazón de San José.

El legado musical de Melico Salazar  tiene que ver con la ópera de la que hizo su máxima realización: Otello. Su creación es de relevancia ya que el personaje del moro había sido enfrentado no hacía muchísimos años atrás, y aún en los mismos años de la carrera operística del costarricense,   por grandes cantantes, incluyendo al tenor que estrenó la ópera; Francesco Tamagno. El mismísimo Caruso, amigo personal de Salazar, había estado preparándose, al final de su carrera, para abordar la partitura de la ópera  sobre  el Moro de Venecia. Su muerte en 1921 frustró estos planes. Cantantes de la talla de José Oxilia, el tenor uruguayo, Nicola Fusati (quien grabó la ópera completa hacia 1930), Antonio Paoli,  Francisco Viñas, Giovanni Zenatello, Giovanni Martinelli, Renato Zanelli y  Leo Slezak, realizaron sendas creaciones del personaje shakespereano.  Manuel Salazar no fue simplemente un cantante más que abordara este personaje. Su creación parece anunciar los grandes Otellos por venir: no en vano el chileno Ramón Vinay se encargaría, en los años posteriores al retiro de Salazar, de pasearse por el mundo con su concepción maravillosa del personaje. Y por qué no… este Otello parece anunciarnos la profundidad de un Mario del Mónaco.

Salazar fue un cantante de primera categoría, hoy injustamente olvidado. Su legado musical parece estar en manos de unos pocos. Nuestro deber es rescatarlo y ponerlo al servicio y al alcance de todos los costarricenses. En su momento, Rogelio Sotela, nuestro gran poeta, quiso homenajear al tenor Salazar, dedicándole un hermoso poema. Hagamos nuestras sus palabras:

Escuchad… se va a abrir la celosía
y va a salir inesperadamente
una lírica alondra de armonía
que se convierte  al punto, en un torrente.

Hay en los ritmos que su voz inspira
un genio alado que al hablar encanta:
es que las siete cuerdas de la lira
se han hecho como un nudo en su garganta.

Su voz expresa todos los dolores,
todo el amor y el bien y la alegría;
del arco iris, tiene los colores
¡y es, cuando habla, toda la armonía!

Ved ahora, la musa cantarina
se ha vestido de pájaro y  de mar;
¡Callad!... que ya el torrente se avecina;
¡silencio… que la alondra va a cantar!

 

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REFERENCIAS

Molina Siverio, Julio.  Por las rutas del tenor. 1a. ed. San José: EDITORAMA, 1997.

Molina Tijerino, José Joaquín. Costarricense inolvidable que ha sido olvidado. El inmortal tenor nacional Melico Salazar Zúñiga. En: Artes/Letras Vol 2 No. 14 San José: Ministerio de Educación Pública, pgs 21-27.

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* LUIS GUSTAVO LOBO es escritor e investigador, graduado de la Escuela de Literatura y Ciencias del Lenguaje de la Universidad Nacional.