Año I, No. 2 * MAYO-JUNIO 2008

APORTE CULTURAL DE LA BANDA NACIONAL DE CARTAGO AL PUEBLO CARTAGINÉS

Por JUAN CARLOS MEZA SOLANO*

 

Introducción

La historia de todas las civilizaciones está ligada a sus hechos artísticos, los cuales juegan un importante papel como factores de evolución social y humana. Así, en lo que a la música se refiere, no se puede hablar solamente de sonidos, sino de todo un sistema cultural que tiene diferentes funciones. A través de la historia, ciertos sucesos que ocurren en algunas sociedades serían inconcebibles sin ella. En este contexto, al hablar de Costa Rica y de su historia musical, la presencia de la música con intervención de los instrumentos de viento, aerófonos en su denominación científica, que vinieron a conformar las Bandas Nacionales, ha sido esencial. Estas instituciones son importantes en tanto son uno de nuestros bienes culturales más antiguos. El objetivo de este ensayo es el de resaltar el valor y la importancia de estas instituciones y su aporte cultural. A la vez, este artículo pretende sugerir algunas ideas que puedan permitir la iniciación de un proceso de revalorización y revitalización de la Banda Nacional de Cartago, específicamente.

 

Antecedentes

Para empezar, se hace necesario definir el término banda, pues según el país puede tener distintos significados. En el caso particular del medio costarricense, se trata de una agrupación musical conformada por las distintas categorías de instrumentos de viento y por los instrumentos de percusión. Una de las categorías es vientos-maderas, donde se incluyen el oboe, el corno inglés, la flauta traversa, el píccolo, la familia de los clarinetes, el fagot y la familia de los saxofones. La otra categoría es vientos-metales, conformada por los cornos, las trompetas, los eufonios o barítonos, los trombones y la tuba. La percusión incluye una gran variedad de instrumentos. Los hay de sonido determinado, donde se incluyen los timbales, los instrumentos que se componen de teclado (como el xilófono, la marimba o el glockenspiel) y los de sonido indeterminado (por ejemplo el bombo, el tambor y la pandereta, entre otros.)

Algunos compositores han incluido ocasionalmente una sección de violoncellos y contrabajos, así como el arpa y el piano, que pertenecen a la categoría de los instrumentos de cuerda. Esta expansión es lo que con mayor frecuencia se ha denominado banda sinfónica. Sin embargo, esta particularidad no cambia la definición esencial. Las bandas nacionales costarricenses no cuentan con la totalidad de estos instrumentos, pero las carencias no son tan significativas como para apartarlas de la definición anterior. De tal manera que el número de integrantes puede variar significativamente de una agrupación a otra.

Las bandas nacionales costarricenses fueron en su inicio  grupos musicales militares, puesto que en el momento histórico en que fueron instituidas estaban sujetas al régimen disciplinario del ejército. Por su carácter militar, estaban incluidas dentro del presupuesto de la Secretaría de Guerra y Marina, y por ende, del Ejército Nacional. Sin embargo, además de acompañar a las tropas en acciones bélicas, las bandas se orientaron poco a poco hacia el entretenimiento en actividades  recreativas y cívico-culturales o a acompañar actividades religiosas de la comunidad. Es decir, trascendieron el ámbito militar y pasaron a tener una nueva connotación musical, cuya misión principal era la de distracción y entretenimiento del pueblo. Como dice la historiadora Patricia Fumero, estas agrupaciones fueron parte de las “diferentes manifestaciones culturales y el espacio utilizado por los diversos sectores sociales para el esparcimiento, tanto espiritual como intelectual y físico." (1) De tal manera que, desde su constitución, y especialmente ante la ausencia de una orquesta sinfónica, las bandas nacionales costarricenses cumplieron un papel de suma importancia, no sólo en esas actividades, sino en general en el desarrollo musical de nuestro país.

Ya antes de 1845 existían bandas en algunas provincias de Costa Rica. Sin embargo, su institucionalización se dio justamente en ese año, cuando mediante el Decreto No. 63 fue creado el Programa Nacional de Bandas. (2) Desde entonces existe la Dirección General de Bandas, integrada por siete Bandas Nacionales, ubicadas cada una en cabecera de provincia: San José, Alajuela, Heredia, Cartago, Guanacaste, Puntarenas y Limón. Desde 1949, con la abolición del ejército, la Dirección General de Bandas pasó a formar parte del Ministerio de Seguridad Pública.  A partir de la creación del Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes se integró a este Ministerio, del cual forma parte en la actualidad.

Las bandas son grupos muy heterogéneos en lo que al personal se refiere. Hay músicos de edad madura, ya a punto de jubilarse, los cuales en su mayoría no tuvieron acceso a una formación profesional en el campo de la música. Estos integrantes son el resultado de una tradición anterior, e incluso en  algunos de ellos hay reminiscencias de la época militar. Por otro lado, las bandas cuentan también con músicos jóvenes, con un promedio de edad entre los 20 y 35 años, que se han graduado recientemente o están próximos a graduarse y tienen una concepción  distinta de lo que debería ser una Banda Nacional. Además, tienen otro bagaje cultural por el acceso a la formación que han tenido. Finalmente, hay otros integrantes que se podría decir, están en medio de estas dos categorías. Se caracterizan por haber recibido alguna instrucción musical pero no se graduaron. Estos integrantes son músicos que rondan los 40 a 45 años de edad. La diferencia en las mentalidades de estas tres generaciones y las expectativas que tienen sobre el trabajo de las bandas, dificulta, en cierta medida, el trabajo del director.

En cuanto al aspecto económico, el músico de banda no es reconocido como profesional y es éste es uno de los factores que más desmotiva al músico. Actualmente, la Dirección General de Bandas está buscando la manera de iniciar un proyecto para crear una ley propia para las Bandas Nacionales, lo cual podría traer grandes beneficios para sus integrantes en el plano económico.

Hasta aquí se ha intentado proporcionar una descripción muy general del panorama de las Bandas Nacionales costarricenses, que más adelante servirá para una mejor ubicación de la Banda Nacional de Cartago, específicamente.

 

Fuentes de estudio

El tema de las Bandas Nacionales costarricenses ha sido abordado por varios escritores e investigadores en diversas épocas, ya que estas instituciones han sido parte importante de la sociedad costarricense a través del tiempo en tanto han proporcionado al pueblo costarricense momentos de placentero esparcimiento y diversión del tipo recreativo y cultural. En este sentido, es interesante destacar algunos documentos impresos, ya que de alguna manera permiten entender este panorama de una manera más amplia.

La publicación más reciente es de María Clara Vargas Cullell. (3) Este trabajo corresponde a un estudio de la práctica musical –relacionada con el lenguaje musical occidental- realizada en Costa Rica entre 1840 y 1940. El estudio se hace desde un enfoque de la música como hecho social, de tal manera que estudia tanto la producción y ejecución musical como su recepción por parte de la sociedad. Para tal efecto, la autora analiza situaciones económicas, políticas, sociales y culturales importantes que se dieron en esos cien años. El estudio abarca diversas agrupaciones o actividades musicales, entre ellas, las bandas militares, y ofrece un panorama general de éstas, su proceso de consolidación, su función política y social, su organización, la condición de sus integrantes, la crítica del Estado y el público. Se menciona además parte del repertorio que utilizaban y las actividades que realizaban. El estudio es sumamente interesante porque contiene datos que posibilitan una comparación de las Bandas de antaño con las actuales.

Otra publicación, un poco menos reciente es la del autor Pompilio Segura. (4) Este trabajo no estudia propiamente asuntos técnicos de los músicos o de sus creaciones musicales, sino más bien, entre otras cosas, la actitud de los gobiernos. Es también un intento de hacer un reconocimiento a los compositores y ejecutantes de las bandas. Esta publicación describe el proceso de introducción de los instrumentos musicales para las bandas militares en la época estudiada. En resumen, trata del origen y el desenvolvimiento de las bandas militares, su organización y el importante papel que han tenido en la vida cultural del país, pero no se refiere ampliamente al repertorio o a las actividades realizadas por las Bandas.

Existe un trabajo de investigación de Norman Calderón, quien actualmente enseña armonía en la Escuela de Artes Musicales de la Universidad de Costa Rica. (5) El trabajo comprende el período entre el año 1920 hasta la fecha de su realización. Contiene datos donde se destacan las escuelas de estudios musicales más comunes de la época. Describe el orgullo sentido por generaciones anteriores al formar parte de las bandas y explica cómo los músicos de las bandas se han preocupado por alcanzar un mejor nivel socio-cultural, de acuerdo con las condiciones y posibilidades de las distintas épocas. Es un reconocimiento a los músicos integrantes de las bandas nacionales de tiempos pasados. Es interesante en tanto contiene testimonios de músicos que realzan la importancia de las bandas.

Otro trabajo que no debe dejar de mencionarse es el libro Juan Loots y las bandas de música militar. (6) Se refiere a Juan Loots, músico belga que fue Director General de Bandas Militares de Costa Rica en el siglo XX, específicamente en el período comprendido entre los años 1907 y 1929. La obra describe la intención de este músico por lograr la superación y profesionalismo de los músicos costarricenses y la consolidación de las Bandas, deseo truncado por circunstancias de carácter jurídico, económico y social. Resalta el papel que jugaron las bandas de música militar en el contexto cultural costarricense y en este sentido es de gran utilidad para efectos de los objetivos del presente trabajo.

Existe una obra titulada Manuel María Gutiérrez. (7) Se trata de la biografía del músico, autor de nuestro Himno Nacional, Se le describe como una persona que luchó por extender la cultura musical de Costa Rica. Entre los puestos que desempeñó está el de Director General de Bandas, por eso su inclusión en el presente trabajo. Por otro lado, el libro La música en Costa Rica, de Bernal Flores abarca el desarrollo musical en el país en los siglos XIX y XX. (8) Al ser un estudio general, abarca un gran número de temas, entre ellos, las Bandas Nacionales. No es un trabajo exhaustivo, sino más bien una visión global en donde se dedica a destacar algunas de las principales funciones de las bandas.

El estudio más antiguo fue realizado por José Rafael Araya Rojas, denominado "Vida musical de Costa Rica". (9) Incluye, entre otros, temas como la música en escuelas y colegios, la música popular, bandas militares y filarmonías, escuelas de música, agrupaciones diversas, composiciones. Aunque cada tema es relativamente reducido, el trabajo es importante porque se constituyó en el primer intento de escribir sobre la música costarricense, dentro de la cual las bandas militares tienen gran importancia, porque la composición musical costarricense inició en un momento histórico en el cual las bandas militares de las respectivas comandancias en las cabeceras de provincias eran muy reconocidas. sobresalen las del tipo patriótico, de índole religioso y las de corte cívico, militar y cultural, los cuales enriquecieron el repertorio de las bandas militares de la República.

Como podemos apreciar, gran parte de los trabajos realizados sobre el tema de las Bandas Nacionales proporcionan, en general, una explicación histórica y descriptiva de cómo se formaron, cuales fueron las causas y de cómo se estableció la Dirección General de Bandas, entre otras cosas. Por las fechas de su publicación, es evidente que ninguno ha basado su estudio en la situación actual de estas instituciones, ni el de María Clara Vargas, que aunque es del año 2004, su estudio llega hasta 1940. Sin embargo, la información suministrada por estos trabajos contribuye de alguna manera a reconocer que las bandas han tenido una importante función y que han cumplido, como ya ha sido mencionado, un papel muy valioso y significativo en el acervo sociocultural de nuestro país, en tanto realizan actividades que reúnen y recrean a la sociedad o comunidad.

Hoy en día

La situación actual de las Bandas es distinta a la de épocas pasadas, donde el Estado reconocía la influencia que tenía la música de las bandas sobre el pueblo. En función de la música en sí, la investigadora María Clara Vargas expresa, desde la perspectiva del Estado, que “por medio de las bandas militares, la música tuvo un papel importante en las ceremonias políticas. Como apoyo a actividades educativas se le atribuyó la capacidad de mostrar la cultura y el progreso del país, en otros casos, se la consideró un elemento moralizante. Todas estas posibilidades han sido explotadas en mayor o menor grado por el Estado costarricense, de acuerdo a la época.” (10) Lamentablemente, hoy en día su reconocimiento no es el mismo. De ahí la importancia de iniciar un proceso de revalorización y revitalización que permita a las Bandas trascender en el ámbito musical del país y fuera de él, convirtiéndose en una excelente opción de disfrutar la música.

Actualmente el Teatro Nacional y el Centro Nacional de la Música (la Orquesta Sinfónica Nacional e instituciones adyacentes) son las dos instituciones culturales a las cuales el Estado les da el mayor valor significativo. Desgraciadamente, el Ministerio de Cultura parece restarle importancia a otras entidades, lo cual hace que las bandas, entre otras instituciones culturales importantes, queden relegadas. Es un hecho que esa tendencia generalizada a sobrevalorar la Orquesta disminuye hasta cierto punto el valor de las bandas nacionales, aún cuando se sabe que ambas instituciones tienen una visión y una misión distintas.

 

La Banda Nacional de Cartago y su papel en la sociedad cartaginesa

Así pues, teniendo hasta este momento un panorama general sobre diversos aspectos de las Bandas Nacionales costarricenses, se entrará ahora propiamente en el caso específico de la Banda Nacional de Cartago, que es “en donde se tiene la referencia más antigua de este país sobre una banda militar”. (11) En relación a las actividades que realiza la Banda, se puede afirmar que abarca una diversidad de participaciones y funciones sociales, porque no se limita únicamente a ofrecer conciertos. Por ser Cartago una provincia de tradición religiosa católica muy arraigada, la Banda no escapa a ser partícipe en este tipo de actividades. Sobresale los actos solemnes de la Semana Santa, las llamadas Misas de tropa, el Corpus Christi y las celebraciones anuales dedicadas a la Virgen de los Ángeles, patrona de la provincia y del país. Otro elemento importante de las funciones de la Banda es la participación en los actos cívicos en general.

En la década de 1860, según consta en un Libro de Programas de trabajo de la Banda Nacional de Cartago, la agrupación realizaba una retreta los días lunes a las 8:00 p.m., un Concierto los días miércoles a las 8:00 p.m. y la Misa de Tropa los domingos a las 8:00 a.m. (12) Posteriormente se hizo un cambio y se acostumbraba realizar una retreta un día entre semana y los domingos se hacía la Misa de Tropa y un recreo después de la misa. (13) “En todos los casos, los recreos y las retretas fueron actividades de gran afluencia de público”. (14) Hoy en día, la Banda Nacional de Cartago ofrece conciertos dos veces al mes (el segundo y el último domingo) en el Templete de la Basílica de los Angeles a las 11:00 a.m. Hasta hace algunos años el concierto dominical se hacía en la Plaza Mayor. Sin embargo, al no haber en ese sitio las condiciones mínimas para ofrecer un concierto, ya que no hay ni tan siquiera un quiosco, se tomó la decisión de trasladar los conciertos al Templete, donde hay mejores condiciones. A pesar de ser una decisión razonable, no es lo óptimo para una agrupación como esta tocar a la intemperie, y ciertamente, esto va de en detrimento del trabajo del músico.Como parte de ese proceso de revitalización se está tratando de establecer los cuatro conciertos en el Templete, que sería muy beneficioso en el sentido de ir creando un punto importante de reunión, es decir, que haya un lugar fijo donde la Banda haga sus conciertos contribuye a la búsqueda de una mayor cantidad de público.

Dentro de las actividades que realiza la Banda están también los conciertos de extensión cultural, con los cuales se logra llegar a distintas comunidades de la provincia, intentando llegar a un público que usualmente no asiste a los conciertos del Templete. Esta actividad, actualmente, se realiza al menos una vez al mes y es de gran importancia para la proyección y difusión de la Banda. Además, se está haciendo lo posible para establecer un concierto didáctico al mes en centros educativos, especialmente de primaria y secundaria de la mano con el profesor de música de la Institución. Es allí, en esos primeros años, donde se debe incentivar y motivar a los estudiantes a escuchar la Banda para intentar que en un futuro reconozcan su verdadero valor.

Por otro lado, la Banda Nacional de Cartago constituye un elemento accesorio en las procesiones y oficios religiosos, y cumple la función de proporcionar la música apropiada para cada una de estas circunstancias.  Hay que tomar en cuenta que la vida musical del país giró, por mucho tiempo, con relación a los oficios y actividades religiosas, “hecho que no debe sorprendernos, dado que durante el régimen colonial es la Iglesia la que conserva de un modo más vivo y permanente, los elementos fundamentales de la cultura tradicional”. (15)

La Banda Nacional de Cartago ofrece una vez al mes Misa de Tropa en la Catedral de Nuestra Señora del Carmen en Cartago, a las 9:00 o 10:00 a.m. Esta es una tradición que tiene muchos años de existencia y tiene su origen en el antiguo régimen disciplinario del ejército, a mediados del siglo XIX. “...consistía en una misa acompañada por la Banda militar, la que actuaba de guardia de honor del Presidente de la República”. (16)  Con el tiempo, éste paulatinamente dejó de asistir a esta actividad, pero la Misa de tropa continuó siendo parte importante del ritual religioso dominical de las bandas militares costarricenses. En Cartago, la actividad consistía originalmente en realizar un desfile que iba de la sede central de la Comandancia de Plaza o Cuartel Militar hasta la Parroquia del Carmen, hoy Catedral, en el cual marchaba una tropa militar acompañada de la Banda que ejecutaba marchas militares. Después del desfile participaban de la Eucaristía, en la cual la Banda interpretaba dos o tres obras, usualmente el canto de entrada, el ofertorio y la comunión. Hoy día no se realiza el desfile, ni se hace presente la tropa, pero se le sigue llamando Misa de Tropa.

En tiempos pasados la Misa se hacía todos los domingos, y ese día la Banda solamente tocaba la Misa, de manera que era realmente una actividad de relevancia para dicha agrupación. Hay quienes aseguran que para la Banda es muy importante asistir a la Misa, sobre todo porque allí se aseguran una buena cantidad de público. Sin embargo, otros opinan que si en realidad la gente que escucha la Banda en la misa estuviera apoyándola o disfrutara de su música, asistirían también a sus conciertos, lo cual no sucede salvo algunas excepciones. Por lo tanto, y sin querer ser pesimista, la mayoría de la gente que escucha la Banda en la misa lo hace porque no tiene otra opción. Pero la escasa concurrencia a los conciertos podría ser una muestra de que esas personas no se sienten atraídas o no se sienten identificadas con la agrupación. Desgraciadamente, el tipo de repertorio que se ejecuta en la misa no permite mostrar a ese público las posibilidades o la versatilidad que en realidad tiene la Banda.

Por lo que se ha podido investigar, haciendo un sondeo verbal entre varios colegas integrantes de distintas bandas, la Banda Nacional de Cartago es quien participa más en actividades tales como las procesiones de Semana Santa y el Corpus Christi, de gran importancia para la ciudadanía católica cartaginesa. Estas son actividades que vienen de una antigua tradición de más de cien años, por lo que aunque hoy en día, al igual que con la Misa, la concepción de la participación de la Banda en este tipo de actividades ha cambiado, en la práctica ha sido y es muy difícil lograrlo. Las autoridades religiosas a menudo quieren tener la Banda  a su disposición para actividades en las cuales no es realmente necesaria. Esa situación hace que la agrupación tenga que sacar tiempo de su preparación de los conciertos para asistir a la actividad requerida por la Iglesia donde quizá no es indispensable su participación.

Igual que sucede con la Misa, hay quienes dicen que es muy importante para la Banda participar en las procesiones, porque son actividades en las cuales el público puede escucharla y observarla. Sin embargo, a falta de un entrenamiento para marchar y de protección para los músicos, se desluce la banda y con ello la actividad religiosa. En general, la gente no respeta el lugar donde se ubica la Banda en la procesión, no le dan a los músicos espacio suficiente para hacer su trabajo, se atraviesan, pasan por en medio de la Banda. En realidad es casi siempre muy desordenado y además no deja de ser peligroso para la integridad física del músico, para quien un golpe en su boca podría hasta acabar con su carrera profesional. No obstante, si existiera un debido entrenamiento para los músicos, y las autoridades, tanto religiosas como de seguridad contribuyeran a procurar condiciones idóneas para los músicos, sí podría ser una oportunidad para lucir la Banda y enaltecer la actividad religiosa. Sería un mejor espectáculo, atractivo a nicel sonoro y visual, y que podría contribuir en atraer a las masas.

Finalmente, la Banda atiende actos protocolarios a solicitud de distintas instancias, participa en ceremonias de carácter cívico y fiestas patrióticas, como por ejemplo durante las fiestas conmemorativas a la independencia de la República el día 15 de setiembre de cada año.  Así como hay diversidad en las actividades que realiza la Banda, así también se puede decir que hay una gran diversidad en el repertorio que utiliza para cada una de esas actividades.

 

La encrucijada del repertorio

Mucha de la música que se encuentra en el Archivo musical de la Banda Nacional de Cartago no está en buenas condiciones, es decir, están deterioradas, poco legibles o muchas de ellas, por ser manuscritos, están con muchos errores de notación musical. Esto sucede porque en épocas pasadas lo que se hacía era que el Estado compraba obras nuevas y las dejaba en el Archivo de la Banda Nacional de San José, por ser la Banda de la ciudad capital, y los músicos de las Bandas de las otras provincias tenían que ir hasta el local de la Banda de San José a copiar, cada uno, su particella. (17)

En el caso particular de la Banda Nacional de Cartago, la principal carencia en el repertorio es precisamente en lo que se refiere a música original para este tipo de agrupación. Un alto porcentaje de las composiciones que se encuentran en el archivo musical de la Banda de Cartago está formado por transcripciones de música orquestal; esto es, obras que grandes maestros como Mozart, Beethoven, Verdi, Puccini, o Rossini, por mencionar algunos, componían para orquesta sinfónica, y que ha sido arreglada o transcrita para banda por algún otro compositor. Muchas veces el resultado es bastante aceptable, pero otras veces no sucede así, y en ocasiones la interpretación que se puede lograr de una determinada obra con una banda no se acerca tanto a la versión original concebida para orquesta sinfónica, lo cual va en detrimento de la obra. La razón por la cual no se puede hacer una buena versión se debe, entre otras, a que las características de los instrumentos de cuerda son evidentemente distintas a las de los instrumentos de viento. Por ejemplo, para los músicos que tocan estos instrumentos, a veces es muy difícil ejecutar con la misma rapidez que lo pueden hacer los instrumentistas de cuerda. Como consecuencia, un determinado pasaje a veces debe ejecutarse más lento para procurar un mejor resultado, alejándose así de su concepción original.

A finales del siglo XIX y principios del XX, la mayoría del repertorio ejecutado era de procedencia europea y en especial correspondiente a estilos románticos y nacionalistas, sin dejar de lado las composiciones costarricenses.  Géneros musicales como los valses, polcas, oberturas de ópera, pequeños números o selecciones de óperas y de zarzuelas, pasodobles, entre otros, fueron predominantes en los archivos de música de la Banda Nacional de Cartago, lo cual era valioso porque durante esa época la mayoría del público no tenía acceso a las representaciones de ópera, zarzuela o conciertos dentro de los teatros, pero al contar con una versión para Banda, podía familiarizarse con esas obras. Así, en épocas pasadas el repertorio utilizado, tanto para las retretas como para los recreos y aún en las Misas de tropa, según consta en los Libros de programas de trabajo de la Banda, incluía en general obras de compositores tanto internacionales como nacionales.

La música nacional ocupa otro espacio importante en el archivo musical de la Banda Nacional de Cartago. Por las funciones de la Banda en tiempos pasados, sobresalen las composiciones de tipo patriótico, de índole religioso y las de corte cívico y militar. Aunque después, los compositores dedicaron cada vez más atención al repertorio de carácter civil, sin limitarse exclusivamente a la interpretación de la música militar. Por muchos años, el principal recurso instrumental musical que por mucho tiempo tuvo a la mano el compositor nacional en general fue la banda. Actualmente, el repertorio utilizado en los conciertos, tanto los que se realizan en el Templete como los de Extensión Cultural, incluye obras de diversos géneros y estilos. Este es un punto importante, pues el hecho de que haya variedad tiene una influencia positiva en el público. En general, la tendencia es ejecutar aproximadamente un 60% de música “clásica” o seria y un 40% de música popular. Esto es una buena estrategia porque de esta manera  la Banda trata de romper esa brecha que tradicional e históricamente ha existido entre lo serio y lo popular. Además, se hace el intento de que la Banda llegue de algún modo a satisfacer los gustos y/o expectativas de la mayoría, lo cual es importante porque el trabajo de la Banda no consiste sólo en una práctica profesional para sus integrantes, sino que es algo que tiene importancia en la creatividad y salud mental de toda la gente. Es inevitable, la música es parte del tiempo libre de las personas, y lo ideal es que la Banda pueda ser parte de ese tiempo libre.

En los conciertos didácticos el repertorio está orientado en parte a mostrar a los estudiantes los diferentes períodos en que se ha dividido la historia de la música, pero también se trata de hacerlo lo más variado posible, incluyendo además música nacional y popular. El repertorio que se ejecutaba en la misa en épocas pasadas era diferente al que se ejecuta actualmente. Se tocaba, entre otras, oberturas, fantasías, selecciones de óperas y zarzuelas, obras en realidad largas y que tenían poco contenido apto para la liturgia. Sin embargo, era una de las actividades donde la Banda era escuchada por una cantidad considerable de público, y es razonable que se ejecutara ese tipo de música para aprovechar las circunstancias y darle lucimiento al ensamble.

Hoy en día el repertorio que se utiliza en la misa es distinto, pues la Banda ejecuta música que ciertamente no es religiosa, pero trata de elegir música que por sus características técnicas está un poco más orientada a acompañar la liturgia, buscando enaltecer, enriquecer o darle solemnidad a dicha actividad. De otra manera, la presencia de la Banda no tendría tanto sentido por no ser un elemento fundamental en la Eucaristía. Así, pues, se puede decir que hubo un cambio en la concepción del significado de la Banda en los servicios religiosos, lo cual ha sido significativo para este proceso de revalorización y revitalización.

 

Conclusiones

A manera de conclusión, se puede decir que la participación de la banda en las actividades políticas, cívicas y religiosas viene de una antigua tradición de la época militar, en la cual todo aquello era obligatorio. Hoy en día, aunque ya no están bajo ese régimen, pues fue absuelto en 1949, quedan reminiscencias de esa época y es difícil cambiar esa mentalidad. Lamentablemente, con el pasar de los años se ha perdido el interés, tanto de parte del Estado como de la sociedad civil en las actividades que la Banda realiza, lo cual se convierte en una amenaza para el Programa de Bandas Nacionales, que ha sido desde su constitución, parte importante de la cultura. Es necesario un replanteamiento no sólo de la función de la Banda Nacional de Cartago, sino de todas las Bandas Nacionales, para que se posicionen en el ámbito musical costarricense, con objetivos claros para originar y mantener un público estable. Es imperativo que el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, al cual pertenecen las Bandas Nacionales, realmente se avoque a fomentar y preservar la tradición de dichas Instituciones con la apertura de espacios y oportunidades que propicien una revitalización  y revaloración de las mismas para el disfrute de todos los costarricenses.

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NOTAS

1. Patricia Fumero, “Las Diversiones Públicas en Costa Rica: 1850-1950”, en Re-Visión de un Siglo 1897-1997 (San José: Museo de Arte Costarricense, 1998), 100.

2. Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, Gobierno de Costa Rica. Página web: Dirección General de Bandas MCJD.

3. María Clara Vargas, De las Fanfarrias a las salas de concierto: Música en Costa Rica (1840-1940) (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2004)

4. Pompilio Segura, Desarrollo musical en Costa Rica durante el siglo XIX: Las Bandas Militares (Heredia: Editorial de la Universidad Nacional, 2001).

5. Norman Calderón, Una ventana al ayer: protagonistas de las bandas musicales de Costa Rica (San José:Documento sin publicar, 1997).

6. Ludmila Svatek, Juan Loots y las bandas de música militar (San José: Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, 1986).

7. Carlos Meléndez, Manuel María Gutiérrez (San José: Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, 1979).

8. Bernal Flores, La música en Costa Rica (San José: Editorial Costa Rica, 1978).

9. José Rafael Araya, Vida Musical en Costa Rica (San José: Imprenta Nacional, 1957).

10. María Clara Vargas, "Música y Estado en Costa Rica", en Revista de Historia. Escuela de Historia, Universidad Nacional; Centro de Investigaciones Históricas de América Central, Universidad de Costa Rica, Nº 34, julio-diciembre, 1996, 118.

11. Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, Gobierno de Costa Rica. Página web: Dirección General de Bandas MCJD.

12. Se denominaba retreta al concierto de la Banda Militar que tenía lugar dos o tres veces por semana, en las primeras horas de la noche.

13. Se llamaba recreo al concierto de la Banda Militar, ofrecido por la mañana o la tarde en algún parque o jardín público.

14. Vargas, 2004, 83.

15. Meléndez, 13.

16. Vargas, 2004, 135.

17. Se denomina particella a la parte específica para cada instrumento que cada músico tiene en su atril.

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REFERENCIAS

Araya, José Rafael. Vida Musical en Costa Rica. San José: Imprenta Nacional, 1957.

Barquero, Daube. Programas de trabajo de la Banda Nacional de Cartago, 1962.

Calderón, Norman. Una ventana al ayer: protagonistas de las bandas musicales de Costa Rica. San José:Documento sin publicar, 1997.

Flores, Bernal. La música en Costa Rica. San José: Editorial Costa Rica, 1978.

Fumero, Patricia. “Las Diversiones Públicas en Costa Rica: 1850-1950”, en Re-Visión de un Siglo 1897-1997. San José: Museo de Arte Costarricense, 1998.

Meléndez, Carlos. Manuel María Gutiérrez. San José: Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, 1979.

Segura, Pompilio. Desarrollo musical en Costa Rica durante el siglo XIX: Las Bandas Militares. Heredia: Editorial de la Universidad Nacional, 2001.

Svatek, Ludmila. Juan Loots y las bandas de música militar. San José: Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, 1986.

Vargas, María Clara. De las Fanfarrias a las salas de concierto: Música en Costa Rica (1840-1940) (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2004).

Vargas, María Clara. "Música y Estado en Costa Rica", en Revista de Historia. Escuela de Historia, Universidad Nacional; Centro de Investigaciones Históricas de América Central, Universidad de Costa Rica, Nº 34, julio-diciembre, 1996.

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* JUAN CARLOS MEZA concluyó sus estudios de Maestría en Trompeta en la Universidad de Costa Rica. A la fecha funge como Director de la Banda Nacional de Cartago y Profesor en la Escuela de Artes Musicales de la Universidad de Costa Rica.