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CÓMO VIVIR CENTROAMÉRICA DESDE SU MÚSICA

Por M.M. CARMEN MÉNDEZ NAVAS (Escuela de Música, Universidad Nacional)

 

Cuando a John Cage, el compositor iconoclasta por excelencia del siglo XX, le surgió la pregunta de cómo se tiene que escuchar la música nueva, contestó sin titubeos que con una nueva escucha. Y este es el reto que se nos presenta hoy si queremos vivir Centroamérica desde su música, porque la creación musical de nuestros países ha estado oculta durante décadas. La difusión de la música comercial de escaso o nulo valor artístico satura las opciones auditivas de distintas generaciones.  La ausencia de políticas culturales que den a conocer el patrimonio musical regional ha hecho que no circule, porque no se ejecuta, y no se distribuye porque no se graba...   La industria cultural o el imperio musical metropolitano es muy hábil para ocultar la creación musical seria que provenga de la periferia (cf. los musicólogos sudamericanos Coriún Aharonián y Marlos Nobre, entre otros) y Centroamérica es desconocida en el mapamundi musical, hasta para nosotros los centroamericanos.

De ahí la relevencia que tiene el esfuerzo que estamos haciendo en la Universidad Nacional de tener una Orquesta para interpretar la creación, en general inédita, de los compositores centroamericanos de distintas épocas. En los conciertos del pasado mes (viernes 30 y sábado 31 de mayo, en el Auditorio Clorito Picado de la Universidad Nacional) pudimos escuchar cinco obras, que a pesar de que dos de ellas fueron  compuestas hace más de cincuenta años, aún no se conocen y no se tienen grabaciones disponibles.

Es posible que para escuchar el "Concierto para guitarra y orquesta" del nicaragüense Luis Abraham Delgadillo (1887-1961) y la "Sinfonía en mi menor" del costarricense  Carlos Enrique Vargas (1919-1998) no sea necesaria una gran destreza auditiva, pero sí es indispensable tener una actitud abierta y desprejuiciada. Ambas obras fueron compuestas a mediados del siglo XX (la Sinfonía en 1945 y el Concierto en 1954), evidencian amplia solidez musical y estructural; el idioma utilizado es tonal, y por lo tanto nos resulta familiar. Cabe señalar, como dato curioso, que Delgadillo tuvo una impresionante trayectoria internacional, con numerosas críticas periodísticas y una fuerte presencia en el medio artístico de la época. (El guitarrista y compositor cubano Leo Brouwer estrenó en 1958 en La Habana este concierto).  Sin embargo,  posteriormente las composiciones de Delgadillo no se volvieron a escuchar.  Por su parte, la Sinfonía de Don Carlos Enrique Vargas fue la primera de este género que se compuso en Costa Rica.  Su desempeño como músico polifacético y riguroso, organista, pianista, director de orquesta y coro, educador musical y compositor le hicieron merecedor del Premio Magón en 1994.

Igor de Gandarias (n. 1953) es  un compositor guatemalteco,  doctorado en música latinoamericana y académico  de la Universidad de San Carlos.  Ha realizado importantes investigaciones musicológicas y estará en Costa Rica para escuchar el estreno de sus obras el 30 y 31 de mayo. Arturo Corrales (n.1973), compositor salvadoreño residente en Suiza, es el más joven de los cuatro maestros, y al igual que Gandarias ha incursionado en la búsqueda de un estilo propio tanto en la música acústica como electroacústica. Fue oportuno escuchar las obras de De Gandarias "Guarimba" (1993) y "Desde mi infancia" (1994) e "In utero" (2004) de Corrales, con nuevos oídos y tener la disposición de recibir lo inesperado, la sorpresa auditiva. Es una manera creativa de vivir esta Centroamérica de hoy; intuir desde su música quiénes somos y ofrecer al mundo nuestra voz que hasta ahora ha estado inaudible. Estamos acostumbrados a luchar por los derechos  en  las calles, sin embargo desde el escenario y las butacas también se defienden las identidades culturales, se fortalece la autoestima colectiva y las esperanzas por tiempos mejores se hacen realidad.

¡Bravo por los compositores y por los músicos que nos permitieron disfrutar este concierto!