Año I, No. 2 * MAYO- JUNIO 2008

La partitura latinoamericana

Por Eddie Mora Bermúmez
Compositor costarricense. Decano Facultad de Bellas Artes UCR.

embcomposer@yahoo.com

 

Legado sonoro

No cabe la menor duda de que existe un importante número de actividades culturales que podrían considerarse de interés nacional. La expresión sonora (para utilizar un término que abarque una mayor cantidad de géneros y estilos musicales), que hemos heredado y que se hace día a día, naturalmente, forma parte de nuestra existencia. Esta, se da de múltiples maneras en todas las esferas de la sociedad, y como en cualquier otra manifestación humana, responde a una determinada realidad que se resume en una apreciación particular.

En Latinoamérica, al día de hoy, la mayor parte de ese legado musical está por ser descubierto. Citando algunos casos, se puede decir que el legado sonoro de antes y después de la Colonia sigue siendo, para la gran mayoría de nosotros, un tema inexplorado, poco estudiado, apenas abordado por un puñado de profesionales, entusiastas intérpretes de la música. Similar suerte corre la obra musical correspondiente al periodo de la Independencia y la compuesta hasta nuestros días. Este aparente desinterés, es solo el fragmento visible de una problemática más compleja, que se ha venido trasladando generacionalmente a lo largo de años, que toca el tema de la cultura, en general, y de cuánto y cómo nos vemos identificados y reflejados en ella.

Desarrollo integral

En muchos de nuestros países, el estudio, la interpretación, la difusión y la inserción de la obra musical latinoamericana  “popular” y de “concierto” (terminología que hoy en día no representa a cabalidad la diversidad del paisaje sonoro contemporáneo) en las estructuras sociales, no han formado parte de los planes estatales, ni de la iniciativa privada de forma seria. Claro está, no se puede generalizar. El proceso de reconocerse a sí mismos en la propia cultura ha sido abordado, en algunos países, de diferente manera y con éxito desigual, gracias a lo cual, a la fecha, contamos al menos con varios materiales de consulta.

Mientras algunos han dado énfasis a la investigación y la difusión del acervo musical propio, con la creación de institutos dedicados al desarrollo de programas especializados, en otros, la preocupación ha girado alrededor de una reproducción estereotipada y desgastada de cánones, en áreas como la educación musical e instrumental. De estos procesos se han obtenido diversos resultados, que merecen ser evaluados después de décadas de práctica. Por supuesto, que una cosa no excluye a la otra, el área que se debe cubrir es extensa y variada; no obstante, no hay razón para que bajo un criterio sopesado, se impida establecer un orden y un plan de desarrollo coherente en varias direcciones. Este, nos permitiría establecer un balance hacia un desarrollo mucho más integral.Lo que sí abunda son los proyectos efímeros, que adolecen de seguimiento elemental, estudio analítico, objetivo y concienzudo que permita fortalecer los aciertos o, por el contrario, corregir los errores y rectificar el rumbo.

Instrumentalismo y algo más

La formación de profesionales se ha centralizado en los campos instrumental y docente. Estos puntos son pieza importante en el desarrollo global, pero el panorama contiene muchos más elementos por tomar en cuenta. En el plano de la vida musical profesional, parte de la inversión económica y de las intenciones del Estado se ha dirigido, en el mejor de los casos, a la formación de profesionales en estas áreas. El resultado es obvio, se ocupan los espacios en los grupos orquestales, de cámara o en los proyectos alternativos y, por supuesto, en las aulas.

La preparación de un profesional en cualquier rama del arte es compleja. Esta se compone de múltiples elementos afines, imprescindibles a la especialidad. En esto, la exigencia en la formación de un cuadro en el área de la música, concretamente, no difiere en nada de la requerida en cualquier otra disciplina. La formación profesional de instrumentistas y docentes es un paso fundamental, de vital importancia para asegurarse un desarrollo musical estable; sin embargo, el asunto no termina allí. Existen muchas otras áreas y disciplinas de suma importancia que completan el espectro cultural y que, a la fecha, no figuran con la fuerza necesaria en las agendas de desarrollo, dentro de las cuales habría que preparar especialistas. Citaré algunas concernientes a la música: la musicología, la restauración y conservación del acervo musical, la gestión cultural, entre otras.

Espacios y difusión

 En relación con los espacios físicos (entiéndase salas de concierto, espacios para el aprendizaje instrumental y teórico musical, estudios de grabación, etc.) el tema no es menos preocupante. Son muy pocos o no hay lugares al alcance que reúnan las condiciones mínimas. La contratación de músicos de grabación y reproducción física del material sonoro, como se conoce tradicionalmente en discos compactos, por citar un ejemplo, es onerosa. Su distribución y mercadeo es prácticamente imposible realizarla con algún éxito, de no ser acogido por alguna empresa especializada, nacional o transnacional, que vislumbre algún tipo de utilidad económica. Los espacios en donde se desarrolla la docencia son inadecuados, con altos índices de contaminación sonora. Las salas de concierto, en muchos casos, no reúnen las condiciones idóneas para uno u otro tipo de muestra.

A pesar de esas condiciones anómalas, gracias al progreso tecnológico, se ha abierto un espacio virtual (asequible por un pequeño porcentaje de la población), que ha posibilitado la apertura de una nueva etapa en el intercambio de información y de productos, que nos permite estar al tanto, casi sin ninguna restricción, de mucho de lo que se genera, tanto en los grandes centros mundiales, como en la periferia. Esto ofrece una ventana real a los países menos privilegiados por las estructuras civiles o comerciales, generando un intercambio que, sin lugar a dudas, ha venido a fortalecer el conocimiento de lo que mundialmente se produce en todas las áreas y, claro está, en el campo específico de la música, tanto para los que habitamos dentro de una misma zona geográfica, como para nuestros vecinos cercanos y distantes.

Aun así, todas estas nuevas ventajas que nos ofrecen el mundo moderno y la tecnología, son solo una herramienta más que de ninguna manera vienen a sustituir las necesidades de infraestructura que sufrimos. Los espacios aptos son indispensables, así como la comunicación-información a los habitantes,  acerca del acervo sonoro, histórico y contemporáneo del orbe, que dé a conocer la obra musical; tema que debe estar siempre sobre el tapete y que, en realidad, muy a duras penas, se cumple con el mínimo necesario.

Países como Cuba, México, Argentina, Chile o Brasil, cada uno a su manera, han sabido estar a la vanguardia o, por lo menos, tener una propuesta competente. El escenario en la mayoría de nuestros países dista mucho de lo idóneo.

Y nosotros, ¿cómo estamos?

La situación en nuestro país en relación con lo antes expuesto, no es muy diferente de lo que se vive, en aspectos generales, en otros sitios de Latinoamérica, tanto en lo positivo como en lo negativo. En las últimas décadas, Costa Rica ha venido posicionándose en el área y, poco a poco, ha ido creciendo el interés por entender esta problemática. Los esfuerzos académicos de algunas pocas personas a lo largo de siglo XX, fortalecidos, fundamentalmente, con la iniciativa de instituciones y universidades estatales, mantienen vivo el tema. Un nuevo aire se gesta a partir de la década de los noventas, promovido por los mismos artistas, compositores, intérpretes, docentes e investigadores, abriendo espacios de información y de intercambio académico.

Cada día que pasa, la obra musical costarricense figura con mayor frecuencia en los los medios de comunicación masivos, programas populares y de las agrupaciones sinfónicas, y de cámara nacionales y extranjeras. Pero en este incipiente movimiento, podría suceder lo peor: dormirnos en los laureles o deslumbrarnos por el aplauso de un público agradecido, asumiendo que ya se cumplió con la tarea.

Los temas para lograr un desarrollo integral siguen ahí, aguardando un análisis profundo. La discusión y reflexión sobre los grandes temas de la cultura nacional no tienen el empuje que se necesita. La poca conciencia en la importancia de promover y apoyar el estudio, la conservación, la interpretación, la grabación, la difusión y la creación de la obra musical e insertarla en la comunidad en todos sus niveles, es una realidad con la que tenemos que convivir.

Aclaro y recalco que la intención de estas líneas no es reprobar o reclamar una situación histórico–social  que hemos venido arrastrando durante décadas, sino llamar la atención, que ya iniciado el siglo XXI, el tema generacionalmente nos incumbe. El papel de los artistas de moldear un cambio cualitativo es fundamental, y creo, firmemente, que la respuesta a muchas de estas inquietudes está en nuestras propias propuestas y en la visión periférica que tengamos del tema. La calidad de los  frutos que se alcen el día de mañana dependerá de lo que sembremos nosotros hoy.

Como podemos percatarnos, el tema es amplio y se presta para la reflexión. Posiblemente, haga falta un “Centro de Estudios de la Cultura Costarricense”, en donde se aborden estos temas, tanto los específicos como los que transversalmente tocan otras disciplinas, y perderle el miedo a la evaluación, al asesoramiento, así como a la crítica interna y externa.

 

Propuesta universitaria: VII Seminario de Composición Musical 2008: “A Jorge Debravo, en el 70 aniversario de su nacimiento”

Como hemos venido reseñando, la apertura de espacios dedicados al quehacer musical contemporáneo va ganando más presencia en la escena cultural costarricense. Desde hace ya unos años, la Universidad de Costa Rica y la Universidad Nacional, representadas por sus escuelas de música, con el aporte de las vicerrectorías y facultades, los centros culturales instalados en el país y las asociaciones musicales, han dirigido su mirada al arte sonoro contemporáneo, apostando conjuntamente a un proyecto que, con el paso del tiempo, se consolida, convirtiéndose en un evento muy esperado por estudiantes, profesionales y por el público en general.

La cooperación con instancias culturales como el Centro Cultural Costarricense Norteamericano, el Teatro Eugene O’Neill, el Instituto de México, el Centro Cultural de España, la Asociación de Compositores y Autores Musicales (ACAM), la Radio Universidad Clásica y Radio U, también con las Embajadas de Holanda y Estados Unidos, ha fortalecido el proyecto en sus distintas versiones anuales.

A lo largo de estos años, al Seminario de Composición Musical nos han visitado los compositores Yuri Vorontsov (Rusia), Carlos Micháns (Argentina–Holanda), Luis Jorge González (Argentina–Estados Unidos), Aurelio Tello (Perú), Carlos Vázquez (Puerto Rico), Alejandro Escuer (México), Rodrigo Sigal (México), Kyle Gann (Estados Unidos), y otros. Así como, intérpretes y ensambles, entre los que sobresalen, el Cuarteto de Cuerdas de los Países Bajos, el Seattle Chamber Players, el pianista Yakov Kassman, el violinista Tjeerd Top (concertino de la Orquesta del Concertgebouw  de Amsterdam),  y músicos de diferentes universidades de los Estados Unidos, entre otros. 

En lo que concierne a lo académico, la historia de la expresión sonora contemporánea no ha quedado por fuera, la musicóloga rusa, Elena Dubinéts, desarrolló en dos ocasiones, cursos especializados; el musicólogo Aurelio Tello, por su parte, hizo lo propio con la temática latinoamericana, dando a conocer la música desde la Colonia hasta nuestros días, fruto de la investigación en el área. Otras tendencias como la música electroacústica también han tenido su espacio.

Por nuestra parte, los ensambles más representativos de nuestro país se han unido alrededor de este evento, entre ellos: el Cuarteto de Fagotes Phoenix, el Quinteto Miravalles, el Ensamble Contemporáneo Universitario, el Café Chorale, y otros conjuntos más; así como, profesores y estudiantes de la Escuela de Artes Musicales de la Universidad de Costa Rica, y de la Escuela de Música de la Universidad Nacional.

En esta ocasión, el VII Seminario de Composición Musical  2008, se dedicó al poeta costarricense Jorge Debravo, en conmemoración del 70 aniversario de su nacimiento. Transitamos por los sonidos y la historia de nuestro continente, ofreciendo a todos la oportunidad de conocer, aprendiendo y compartiendo, parte de lo que nuestra tierra ha creado.

Contamos con la presencia de los maestros compositores Guido López–Gavilán (Cuba) y Javier Álvarez (México), así como una amplia representación costarricense encabezada por Álvaro Esquivel, Carlos Escalante, Alejandro Cardona, Marvin Camacho, Carlos Castro, Fidel Gamboa, Otto Castro, Pilar Aguilar, Mario Alfaro y Eddie Mora.

Nuevamente, artistas del medio nacional como la Banda Sinfónica del Instituto Nacional de Música, dirigida por el maestro Alejandro Gutiérrez, junto al violinista Erasmo Solerti;  el Cuarteto de Cuerdas UNA, el Quinteto Miravalles, el Café Chorale, SAXUCR, el pianista Manuel Matarrita, junto a profesores y estudiantes de la Universidad de Costa Rica y de la Universidad Nacional, en un solo gesto, y en varios conciertos, colmaron con los sonidos  del repertorio latinoamericano, los escenarios dispuestos para la ocasión.

I Festival en Bellas Artes

Para este año, la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Costa Rica, dióinicio al  proyecto cultural “I Festival en Bellas Artes”, que reúne al VII Seminario de Composición Musical con el espectáculo interdisciplinario denominado “Muerte mía”, con textos de Jorge Debravo, el cual estuvo a cargo del Teatro Universitario y la Escuela de Artes Dramáticas. También, se realizó una mesa redonda en la que se comentó la obra del poeta turrialbeño, organizada por la Maestría en Artes, además de un certamen de carteles sobre la temática de Debravo, expuesto en la Galería de la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Costa Rica.

Este es el inicio de un ciclo en la Facultad, que fusionará la expresión artística interdisciplinaria alrededor de un personaje cultural de nuestra historia. En el 2009, se le rendirá tributo a Manuel de la Cruz González; después, en esta primera etapa, se dedicará el 2010 al compositor Julio Fonseca.

Es mucho lo que le debemos a nuestra propia historia, desde la reivindicación del patrimonio cultural hasta la apertura de nuevos espacios experimentales, y es en esta dirección que se ofrece el encuentro con nuestras letras y sonidos, llegando hasta la apropiación de las imágenes. Dichosamente, hoy en día, en eventos culturales alternativos como el que proponemos, se abren espacios a la aventura del conocimiento.

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