Año I, No. 2 * MAYO- JUNIO 2008

¿Y la retreta?

Por Victor Fonseca Matarrita
Licenciado en Percusión, miembro de la Banda Nacional de Cartago.

victorfonseca@laretreta.net

 

El principio de una tradición: de retretas y Bandas Militares

Suena… Al principio fuerte y luego se aleja, invadiendo el lugar un silencio total y luego comienza de nuevo… Parece que arrastra voces y sonidos pero entre las luces y las doce personas que me acompañan en el Parque Central de Cartago sólo nos llega el sonido del viento, tal vez alguno que otro teléfono celular suena o algún acompañante añade un “¡Qué frío!”, pero no hay más sonido que ése o el del castañear de los dientes.

Es abril del año 2008. Hoy es jueves y son las siete y media de la noche. Tal vez no haya mucha gente por la lluvia que cayó unas horas antes o porque de verdad está muy frío hoy, o quizá porque no hay nada interesante que hacer en el parque, sobre todo si en casa hay internet, cable, radio, discos compactos o juegos de video entre muchas otras atracciones que tenemos como sociedad y donde todo o casi todo está al alcance del control remoto.

Poco más de cien años atrás el panorama era diferente. Algunos días a la semana la población salía a oír la retreta que ofrecía la Banda de Cartago (primero llamada Militar y luego Nacional) en el Parque Central desde el tiempo en que fue construido (en 1890) y que todavía hace algunos años lo hacía. La comunidad asistía no sólo a ésta actividad, sino también al recreo de los domingos y la misa de tropa bien temprano por la mañana, sin contar las procesiones y actividades musicales en las fiestas patronales, y las actividades oficiales promocionadas por el Estado y la Iglesia. Esta tradición sucedía en Cartago, pero también en San José, Alajuela y Heredia y otras localidades del país.

Y es que la historia, un poco confusa, de las Bandas (que inicia con las Bandas Militares) ha borrado algunos datos o los dejó muy escondidos. Sin embargo, sabemos que con la reforma de la Milicia en 1843 aparecen los grupos musicales y en 1845 mediante decreto LXIII del gobierno de José María Alfaro marca el inicio -por lo menos en el papel- de lo que será la actual Dirección General de Bandas. Con altibajos en el progreso musical, hacia 1860 ya se puede hablar de la presencia verdadera de Bandas, surgidas de esas agrupaciones que acompañaron a las tropas en todas las actividades oficiales e incluso estuvieron cerca de ellas en los momentos de guerra y que eran de las favoritas del público cuando de entretenimiento popular se trataba.

Cuando el general Tomás Guardia implementó su politica de reforzar al ejército, esto afectó positivamente a las Bandas, pues también se promulgó el Reglamento de las Bandas Militares en 1873. Este mismo año  se estableció que las retretas se realizarían los días jueves y domingo. Ya para 1874 las Bandas Militares eran seis; sin embargo los cambios en la política económica del país motivó cambios en la conformación de las Bandas, hasta el punto de llegar a suprimir algunas en determinados momentos de situaciones económicas delicadas.

En 1885 aparece el quiosco que se convertirá en el nuevo escenario donde las bandas van a ejecutar  sus retretas y recreos, y no sólo en San José sino que en otros lugares como Cartago y Heredia fueron incorporando este nuevo local en sus Parques Centrales.

Para esta época la función de las bandas ya estaba bien definida: se tenía un manual de obligaciones, además del trabajo encargado por los directores de cada Banda y el Director General de Bandas, que era quien organizaba todo el trabajo. A este punto, las Bandas se habían colado en el corazón de los costarricenses como institución a pesar de los momentos difíciles vividos por los problemas económicos y sociales.

Las retretas y recreos de las bandas se habían convertido en la excusa ideal para la socialización: durante las retretas las mujeres caminaban en un sentido y los hombres en otro, o se sentaban en las bancas y al calor de la música se hablaba de política, religión, o de lo que estuviera ocurriendo y algunos otros tomaban otros rumbos donde el sonido de la música era menos fuerte pero aún llegaba a sus oídos acompañado de palabras amorosas y otros sonidos.

Las Bandas Militares desaparecieron cuando toma efecto la eliminación del ejército, pero lo que sucedió en realidad fue un cambio en la denominación de estos ensambles. Ya para ese momento las Bandas tenían cerca de un siglo de haberse establecido y estaban muy profundamente arraigadas a las tradiciones de los costarricenses. Se convertieron en las actuales Bandas Nacionales, que, en los años de la década 1970 con la creación del actual Ministerio de Cultura y Juventud (anteriormente Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes), pasaron a depender en presupuesto y organización de esta entidad. Fue por esta razón que la Dirección General de Bandas se muda ya definitivamente a esta nueva instancia y deja de ser una dependencia del Ministerio de Seguridad (anteriormente Ministerio de Guerra y Marina).

Durante cien años poco había cambiado con respecto de la formación de los músicos de las nuevas Bandas Nacionales Estos salían del seno de las mismas donde empezaban como aprendices: auxiliares o platilleros, al inicio así eran llamados y luego de la instrucción inicial escogían un instrumento para terminar de formarse en la institución. Sin embargo, esta situación se fue modificando con el paso de los años, gracias a la aparición de la Escuela de Artes Musicales de la Universidad de Costa Rica (antiguo Conservatorio Nacional), el Programa Juvenil de la Orquesta Sinfónica Nacional (hoy Instituto Nacional de Música) y a la Escuela de Música de la Universidad Nacional (UNA). Más recientemente, varias Escuelas de Música Municipales están empezando a rendir sus primeros frutos en el aporte de músicos a las Bandas Nacionales.

La transformación hacia las Bandas Nacionales

Cuando mi mente viaja en el tiempo y trato de recordar cuándo fue la primera vez que escuché tocar a una banda en vivo, no puedo ubicar el momento preciso. Pero sin duda, una imagen salta a mi cabeza -sin tener la certeza de que ésta es el momento que andaba buscando- fresca y nítida como en una película donde un personaje retrocede en el tiempo a recordar algo que quedó atrapado en su memoria.

Es 1990 y en la Iglesia del Carmen (hoy Parroquia en Cartago) durante la misa de 9 de la mañana la Banda Nacional de Cartago toca durante la Misa de Tropa, como lo hacía cada domingo. Semana tras semana los oigo tocar la granadera y la marcha para la entrada del sacerdote; durante el ofertorio y la comunión tocan otras piezas que a veces me parecían largas y aburridas, a otras no les ponía atención y algunas me transportaban a otros lugares con esas melodías a veces nuevas, a veces conocidas, pero siempre presentes. Lo recuerdo bien y a mi profesor de música de la escuela primaria tocando el clarinete en esa Banda.  Muchas veces me acerqué queriendo saludarlo pero pocas veces me atreví. Ellos eran artistas en su trabajo y yo no quería interrumpirlos, artistas haciendo un arte que no entendía pero que poco a poco me iba invadiendo.

Estas agrupaciones eran una entidad del Ministerio de Cultura Juventud y Deportes desde el gobierno de don Rodrigo Carazo aunque desde 1972 con la creación del Ministerio se había estipulado el traslado que no surtió efecto hasta ese momento que ya era enero de 1981, nueve años después de la creación del Ministerio.

Ya hace casi treinta años que eso pasó y en este tiempo las Bandas Nacionales pasaron de ser las favoritas a quedar casi en el olvido. Hoy casi nadie sabe a que se refiere el término retreta y las nuevas generaciones se acercan cada vez menos a este tipo de manifestaciones. Ven en la banda a un moribundo cuerpo del pasado de Costa Rica que se mantiene vivo por que es Patrimonio Cultural.

En estos años, ¿será que el Ministerio de Cultura no supo mantener vivo el espíritu musical de las Bandas? Ese corazón y fuerza vital musical de la Costa Rica del siglo XX, que fue de lo mejor en manifestaciones artísticas durante la mayor parte del siglo XX, ¿será que el Ministerio de Seguridad tenía un secreto que no quiso compartir? ¿O es que los tiempos cambiaron y las Bandas siguieron  funcionando como lo hacían en 1940 o 1950 y la realidad les exigía otro tipo de espectáculos u organización que le permitiera seguir como líder en el desarrollo cultural de la sociedad que se perfilaba al cambio de siglo? ¿O simplemente fuimos nosotros, el público, quienes la dejamos morir, la abandonamos a su suerte, no la alimentamos más y se volvió un espectro que camina por las noches y resuena entre el silbido del viento y en los recuerdos de los que somos un poco más viejos y que aún recordamos esos días de gloria antes de la decadencia y de la muerte de las retretas?

¿Y la retreta...? ¿Qué vamos a hacer ahora: desterrarla, olvidar las bandas y enterrarlas o implantarlas a la fuerza? Son muchas las preguntas y apresurarse a responderlas no es la solución. Pienso que aún podemos rescatar: quedan cosas por hacer y gente que pueda querer oír una retreta. Mientras exista un público para las Bandas, debe de haber una solución.

Las Bandas Nacionales del nuevo milenio

Ahora que estoy aquí en el parque, con un poco de dolor de cabeza después del ensayo, recuerdo mi primer día en la Banda de Cartago. Sé que era junio del año 2000. Y mi primer retreta también la recuerdo. Vestía un uniforme viejo que, como no estaba hecho a mi medida, no me quedaba bien. Recuerdo bien el trípode, al que había que ponerle una cinta para que no se desarmara y el redoblante con el parche roto y los bugles con fugas que aún hoy usan mis compañeros, a pesar de que han pasado casi ocho años...

Desde que las Bandas Nacionales forman parte del Ministerio de Cultura y Juventud han tenido un competidor muy fuerte tanto en presupuesto como en desarrollo e infraestructura. Me refiero a la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN). Para nadie es un secreto que la OSN se perfila como la más importante de las agrupaciones musicales de nuestro país sino la más importante de entre todas. La OSN posee una Temporada de Conciertos regular, una temporada de Conciertos Didáctica, y otra de Extensión Cultural y un Director Musical y varios invitados cada año que dirigen conciertos con solistas renombrados y otros que se van abriendo camino en los círculos más importantes de los solistas a nivel mundial. Ellos poseen un instrumental casi completo, una organización adecuada para su trabajo y un manejo salarial (que aunque muchos músicos digan que no es el óptimo) con un alto grado de efectividad para pagar el trabajo profesional que se realiza allí.

Las Bandas Nacionales deben seguir ese camino ya que se ha probado que es exitoso con la Orquesta significa que también puede se beneficioso para nuestras queridas Bandas. Se necesita con urgencia de un personal capacitado en todas las áreas de este engranaje musical: músicos, directores, bibliotecarios, entre otros. A los ejecutantes, hay que dotarles de los instrumentos adecuados y una infraestructura que funcione: desde el aparato físico hasta el personal necesario para su optimización como agrupación. Desde luego, es imperativa la implementacion de una adecuada tabla salarial que se acerque a las exigencias de la profesión.

Todo esto culminaría en una reivindicación de las Bandas como institución por parte de las autoridades estatales. A pesar de que las Bandas actualmente tienen una clara desventaja por la carencia de adecuados salones de ensayos, instrumentos antiguos, defectuosos, sin mantenimiento, un mal plan de salarios que no permite el crecimiento personal de los miembros de estas agrupaciones, un presupuesto que no permite el desarrollo de proyectos más ambiciosos y que a penas alcanza para la subsistencia, se perfilan como el verdadero punto de lanza de la cultura musical de Costa Rica.

Si bien es cierto que la OSN realiza una serie de conciertos de extensión cultural ésta no alcanza a todas las poblaciones del país en un año. Por otro lado, el país cuenta con una Banda Nacional en cada provincia, que se puede encargar de hacer la música que la población está pidiendo, y que puede acercarse a las comunidades con mucha mayor frecuencia de lo que lo hace la OSN.

¿Y la retreta, de dónde la sacamos?

La verdad es que la Costa Rica del año 2008 dista mucho de la de 1970. La posibilidad de escuchar un concierto de buena música, antes dada en el país sólo por las Bandas y unas cuantas agrupaciones a nivel nacional cambia con la aparición de la televisión, y más reciente con los recursos del internet. Estas posibilidades tecnológicas también están al servicio de la música y del arte, ya que vuelven accesible otro tipo de entretenimientos que antes no se pensaban tan siquiera y acercan a las mejores agrupaciones del mundo a nuestra casa donde no necesitamos ni salir a la calle para estar frente a las mejores orquestas o bandas del mundo por ejemplo.

Por otro lado, pensar en ir a ver una retreta en un espacio físico totalmente inadecuado, donde ni siquiera hay un quiosco con buena iluminación para que los músicos ejecuten su música, y en la que el repertorio no se ha renovado consistenemente por varias décadas, son las principales que han hecho poco atractivo e insostenible el espectáculo que dan las Bandas Nacionales. No tengo la receta en mis manos de cómo hacer revivir la retreta como institución de la tradición musical de nuestro país. Es probable que su lugar ya no sean más los parques y los quioscos porque ya la gente no va a estos lugares ya que ahora existen los mall y las plazas. Algo sí es seguro: la retreta está viva y se está mudando, las Bandas Nacionales están llevando sus retretas a los museos y teatros de provincias, a las iglesias y parroquias, a las ermitas y colegios, a las escuelas y a todo lugar donde la gente se esté reuniendo en las localidades.

No dejar morir a las Bandas Nacionales es una forma de dejar de que no muera nuestra identidad costarricense. Para que esto suceda, tienen que participar en el proceso de reinvindicación todos los actores sociales y modificar su actual situación. El gobierno debe procurar la posibilidad de una alta competitividad tanto a nivel de infraestructura como de salarios para los miembros de las Bandas, los músicos deben llegar a niveles cada vez mejores en sus interpretaciones, tanto a nivel personal como de ensamble. Esto será definitivamente estimulado por la consecución de mejores instrumentos, personal completo, y lugares adecuados para el ensayo y la ejecución de la música. El público debe volver a la retreta, ir allí donde la música suena no como un espectro moribundo sino con la fuerza y vitalidad de las nuevas generaciones haciendo nueva música.

Las Bandas han acompañado a nuestro país durante más de cien años y no van a desaparecer tan fácilmente de nuestro acervo cultural. Los invito a salir a la calle: en alguna parte hay una Banda Nacional tocando. Redescubrámoslas, en alguna parte del corazón del pueblo de Costa Rica hay una retreta todavía...