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Año I, No. 3 * JULIO-AGOSTO 2008

ROBERTO CANTILLANO VINDAS: COMPOSITOR, DIRECTOR Y FLAUTISTA DOMINGUEÑO

Por GABRIEL GOÑI DONDI *  

 

Cuando iniciaba mis estudios de flauta, en la década de los ochenta, uno de mis compañeros de clase me comenzaba a hablar de un flautista que había vivido en la primera mitad del siglo XX y que era de origen domingueño, compositor y director de bandas: hablaba de Roberto Cantillano Vindas. A pesar de que Cantillano desapareció de la vida musical del país antes de su muerte en los años cincuenta, es recordado especialmente por  algunas de sus marchas que, aún hoy, se siguen interpretando en las Bandas Nacionales, antiguas Bandas Militares.

La actividad flautística de Cantillano me llamó la atención cuando conocí por primera vez su composición "Odilí", dedicada a su hija (con el mismo nombre). Otro aspecto que es sumamente interesante es la flauta que mantiene en custodia su familia. Investigando su biografía, la vida del maestro Cantillano fue muy poco documentada por los historiadores de la música en Costa Rica. No sino gracias a la labor de recopilación de los investigadores Randall Rodríguez y Consuelo Arce que podemos conocer un poco de su legado.

De sus primeros años como estudiante se conoce poco, y hay registros de sus actividades musicales en forma esporádica hasta su ingreso a la Banda Militar de San José donde son más frecuentes. Con este artículo trataré de profundizar cronológicamente la vida, obra y legado de este maestro costarricense.

Roberto Cantillano nació en Santo Domingo de Heredia en 1887, año en que se fundó el Liceo de Costa Rica y comienza en Costa Rica el camino hacia la educación formal. Cantillano ingresó a la escuela de la Filarmonía de Santo Domingo a muy temprana edad para recibir su formación musical bajo la tutela de Lucio Avendaño. Su destreza en el flautín lo llevó muy pronto a tocar como solista con esta Filarmonía en un recreo en el Parque Central y una retreta en al frente de la Casa Presidencial en San José. Este último concierto era de una gran importancia en el medio pues era dedicado al entonces Presidente de la República, Rafael Yglesias. Tal fue el entusiasmo del mandatario ante el talento del joven flautista que, luego de la retreta, le entregó a Cantillano un billete de cinco colones, como muestra de admiración y agradecimiento. (1)

Como fue un estudiante destacado, Roberto Cantillano se trasladó en 1903 a Alajuela donde formó parte de la Banda Militar de esa provincia. Según cuentan las crónicas, Cantillano realizaba el viaje a pie para cumplir con sus obligaciones en el cuartel militar dentro de los quehaceres musicales. En ese mismo año conoció a Abelina Fallas con la que mantuvo una relación amorosa. Es justamente a ella quien le dedicó su primera composición: una mazurca titulada Ausencias, compuesta en 1904. De esta relación surgió su primer hijo, Carlos Luis Fallas, autor de innumerables escritos y novelas, entre ellos Mi madrina, dedicado a la madre de Cantillano, Carlota Vindas, con quién vivió este escritor por muchos años de su infancia.

 En 1906, Cantillano se trasladó a la Banda Militar de San José, puesto en el que se mantuvo hasta su retiro. En ese mismo año, las bandas militares pasaban por un momento crítico en su historia. El instrumental era muy antiguo, las partituras obsoletas y los salarios muy bajos, todo esto aunado a que el Reglamento Orgánico de 1898 no dejaba claro el compromiso de los músicos con las bandas e impedía tener grupos estables. (2)

No fue hasta 1907, con la muerte del Director General de Bandas, Rafael Chaves Torres, que el gobierno decidió contratar al belga Juan Loots. El nuevo director fue recibido con entusiasmo por los músicos y el público, y en particular por Cantillano quien publicó el siguiente comentario en el diario El Espectador:

“Fue en el año 1907, siendo presidente por primera vez Cleto González Víquez, hacia poco había muerto el recordado maestro Rafael Chaves Torres, cuando una mañana se presentó ante nosotros, los que formábamos el cuerpo de la banda Militar de aquella época, el general Romain en compañía de un hombre de unos treinta años de edad, apuesto, elegante, vistiendo chaqué y pantalón a rayas. El general dijo presentándolo: Aquí tienen ustedes el nuevo Director General de Bandas Militares;…el señor Juan Loots. Él Hizo una reverencia y después nos suplicó por medio del general, ya que no hablaba español, que ejecutáramos una obra conocida u alguna pieza a primera vista. Inmediatamente, bajo la batuta de Alfredo Morales, ejecutamos la obra Haroldo de Verdi y un paso militar desconocido que se llamaba Le Grenadier. Él aplaudió, retirándose después, y nosotros quedamos llenando el salón de comentarios, plenamente convencidos de que éramos profesores”. (3)

A pesar de que la contratación del maestro Loots aumentó el nivel musical de las bandas, aparecieron algunos músicos que,  inconformes con su labor, demandaban su destitución alegando que en el país existían músicos de igual o mayor nivel que se podían hacer cargo del puesto de Loots. Ante la presión Loots renunció y partió en 1914 para Europa. Roberto Campabadal asumió el cargo, pero permaneció en él por muy poco tiempo ya que el maestro Loots regresó al año siguiente, con el propósito de dar un fuerte impulso a Asociaciones Musicales que se establecían entonces en el país. (4)

Cantillano no fue ajeno a este desarrollo. Con la llegada del maestro Loots, quien era un excelente flautista, Cantillano se interesó en ampliar su formación musical, y pronto se convirtió en uno de de sus discípulos. Loots instruyó a Cantillano en las técnicas más recientes de la escuela francesa de la flauta. Cantillano pasó de ser un joven aprendiz a alcanzar un alto nivel musical que lo llevará, posteriormente, a tener reconocimiento internacional.

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El 13 de mayo de 1916 Cantillano contrajo matrimonio con Sofía Vives Orozco. Por la misma época, comenzó a establecerse como flautista de las compañías de ópera, opereta y zarzuela que visitaban la capital, y entabló una relación musical con la afamada soprano italiana Amelita Galli-Curci. Ésta lo invitó a que la acompañase en su gira por Sudamérica, pero Cantillano declinó la invitación. Ella le agradeció con una foto autografiada, por su magnífica ejecución del aria de la locura de Lucia de Lamermoor de Donizzetti. (5)

 

En la fotografía aparece la soprano italiana Amelita Galli-Curci.

 

Con el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial, la economía de Costa Rica se vio afectada, y este hecho repercutió directamente en los ingresos fiscales. En 1915, los salarios de los empleados públicos menguaron en un 33%. Se cuenta que el maestro Loots incluso prestó de su propio dinero para mantener a algunos de los músicos. La crisis continuó por varios años. En 1917 el general Tinoco derrocó al presidente González Flores y tomó el poder, pero no logró recibir el reconocimiento de Estados Unidos de Norteamérica, ni logra sacar al país de la crisis. Ese mismo año, los gremios del país se reunieron y efectuaron el Primer Congreso Obrero. La participación de los músicos de la Banda de San José en este encuentro les costó su libertad y fueron encarcelados. Los gremios se unieron para ayudar a las familias de los privados de libertad. Roberto Cantillano fue acusado por el entonces director de la Banda, Alfredo Morales, de ser el responsable de liderar esta cruzada de ayuda. (6)

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Cantillano sustituyó al maestro Morales como director de la Banda Militar de San José en 1919, cargo que desempeñó hasta 1924 cuando decidió trasladarse a Nueva York y entablar una vida artística en esa ciudad.  Ese mismo año fue contratado por la Columbia Phonograph Company para realizar un grabación fonográfica con obras de Ernesto Koehler y Emile Pessard. (7) Un año después, el entonces presidente de la República Ricardo Jiménez, amigo cercano de Cantillano, le envió el pasaje para que regresara al país y retomara su puesto como director de la Banda Militar de San José, cargo que desempeña hasta 1936 cuando es nombrado como Director General de Bandas Militares.

En la fotografía aparece Cantillano (a la izquierda) como director de la Banda Militar de San José junto con José Santiesteban Reppeto, Director General de Bandas en 1935.

 

Volvamos a la década de los años veinte. La actividad musical del país se venía desarrollando paulatinamente; la Escuela de Música Santa Cecilia, fundada en 1894, estaba dando sus frutos y la Asociación Musical de Costa Rica, bajo la dirección de Juan Loots inició sus ensayos con 41 músicos en 1926. Al año siguiente se conformó la Orquesta Sinfónica de Costa Rica, a la Roberto Cantillano fue incorporado como flautista principal. La orquesta comenzó su temporada en el Teatro Moderno, y luego en el Teatro Nacional. Esta agrupación viajó en ese mismo año a Guatemala y México donde recibió una gran cantidad tanto de elogios como críticas. Pero la peor parte se la llevó la moral de los músicos cuando el representante, de apellido Nicolai, tomó la subvención de la gira por México y dejó a los músicos sin poder regresar al país. Esto hizo que el congreso tomara la decisión de expatriarlos no sin antes criticar duramente la manera cómo se organizó la gira. Otro hecho lamentable fue la  divulgación de las críticas del concierto realizado en ciudad de México, publicadas el Excelsior y transcritas por el Diario de Costa Rica. A raíz de estos y otros acontecimientos, esta agrupación no registra más actividades después de 1928. (8)

Al año siguiente, Roberto Cantillano se unió a Julio Fonseca y José Daniel Zúñiga en la búsqueda de la música autóctona de Costa Rica. Se enrumbaron hacia Guanacaste e iniciaron una recopilación de música tradicional, compilación que luego será considerada como el más importante material folclórico del país, estudiado de alguna manera sistemática. Así lo menciona Manuel Monge y Carlos Mora:

“Hace algunos años recorrió, José Daniel Zúñiga, en compañía de dos grandes músicos, Julio Fonseca y Roberto Cantillano, la provincia de Guanacaste, la tierra canta música regional, entonces inédita y desperdigada en la península de Nicoya y sus tierras aledañas. Los tres misioneros del arte visitaron los más humildes y recónditos lugares de aquella cálida y poética comarca, para llevar por primera vez al pentagrama, las inéditas melodías llenas de vida, virilidad, de buen humor, que son fuentes en donde se adivina el cruce del alma andaluz con la chorotega, fundidas en el crisol imperecedero del mestizaje”. (9)

La música recopilada en este viaje se publicó en ese mismo año con el nombre de: “Primer folleto de música nacional: Colección de bailes típicos de la provincia de Guanacaste”. Esta impresión fue auspiciada por la Secretaría de Educación, entonces bajo el mandato de Luis Dobles Segreda. Dos viajes más se sumaron a la recopilación de música, en 1934 y 1935, que dio como resultado la publicación de otros dos folletos para completar la colección. Estas ediciones reunían setenta composiciones que forman parte del patrimonio folclórico musical de Costa Rica.

El 2 de agosto de 1929, murió el maestro Loots. Ante su deceso, Cantillano expresó:

 “Los que tuvimos la dicha de estar en su compañía durante 22 años; que aprovechamos sus enseñanzas, que supimos que más que un maestro fue un padre; que conocimos de su honradez acrisolada, en la cual nadie puede poder la más leve duda; que conocimos su corazón magnánimo y caritativo, no podremos menos que llorar su ausencia enteramente, que esta jamás se repondrá. Amó a Costa Rica como su patria, tuvo siempre la ilusión de morir entre nosotros y el destino lo complació, sólo que muy prematuramente pues contaba con cincuenta y cuatro años y faltaba mucho por hacer en bien del arte nacional”. (10)

Cantillano continuó la labor del maestro Loots, como flautista y como director, pero no es sino hasta 1936 que lo sustituye en la Dirección General de Bandas, después de un período de suma inestabilidad en la administración de esta Dirección, y que produjo un letargo en el desarrollo de las bandas. Mientras tanto, el maestro Cantillano continuaba como director de la Banda Militar de San José generando frutos y preparando una serie de retretas en las diferentes capitales de provincias. Un documento de la época nos describe: “Congratulamos al maestro Cantillano y a su conjunto que tanto en la ciudad de Heredia como en otras ciudades donde ha ido a dar conciertos de gala, han obtenido muchos aplausos por su ejecución perfecta”. (11)

Cantillano asumió la Dirección General de Bandas e inicia un proyecto de formulación de los reglamentos y el instrumental necesarios para la modernización de las bandas. Los problemas de la estabilidad económica de las Bandas fue mejorado parcialmente por el maestro Cantillano, ya que actualizó el instrumental y fortaleció las bandas de Guanacaste, Limón y Puntarenas, que no contaban con  buenos uniformes ni con el instrumental adecuado. Así lo revela una carta dirigida a él por miembros de la Banda Militar de Liberia: “Gracias pues, al Coronel Cantillano, la Banda de Liberia tendrá uniformes decentes y nuevo instrumental”. (12)

En 1948, con los disturbios de la Guerra Civil y en desacuerdo con los nuevos procesos políticos que  acontecían en el país, el maestro Cantillano renuncia a su puesto como Director General de Bandas y se retira a su hogar concentrándose en sus clases de flauta hasta su muerte el 15 de noviembre, a los sesenta y ocho años, en 1955.

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Flauta Louis Lot, que el maestro Juan Loots le otorgara al maestro Cantillano.

 

Roberto Cantillano fue comisionado para componer obras musicales como parte de sus quehaceres en la dirección de la Banda Militar de San José. Aún así, sus composiciones no se limitan a obras para banda sino que escribe obras para canto, flauta y piano.

Su legado musical se extiende a las siguientes obras: (13)

Ausencia, 1904 Mazurka
Gran Bretaña y Costa Rica
Venga Cerveza Traube
El Cholo Lizano, 1929
Sociedad Gimnástica Española
Pilarica
El Gobernador
Ricardo Jiménez, 1932
Himno Patriótico al Dr. Calderón Guardia
Costa Rica y Norteamérica, 1941.
Bomberos Voluntarios
El invierno
León Cortés
Momento Musical
Odilí
Claudio Cortés
Ojitos Piadosos
Liberia
Dr. Calderón Muñoz
Teodoro Picado, Marcha Picadista
Polistas de Costa Rica, 1945
A la Memoria de Cleto González Víquez, 1947
15 de setiembre, 1949
Amanecer Guanacasteco
Presbítero Ricardo Acuña, 1950
Himno a la ciudad de Santo Domingo, 1952

En conclusión, el legado del maestro Cantillano es muy diverso: en sus pasos por la Dirección General de Bandas Militares logra un mejor estatus para sus músicos y mayor disciplina en cuanto a la práctica musical; como flautista, engrosa las filas de la primera orquesta sinfónica de Costa Rica y continúa con la escuela francesa de la flauta que le enseñara el maestro Loots. A pesar de eso, la continuidad de esta escuela no se desarrolla en el país hasta finales de los años setenta, veinte años después de su muerte. Sus obras, como todas las obras de la época, son casi olvidadas y las que se mantienen son aquellas que se programan en las retretas de las bandas nacionales en la actualidad.

En compañía de Julio Fonseca y José Daniel Zúñiga, Cantillano logra un impacto en el nacionalismo de la música costarricense al participar en la investigación y recopilación de la música de Guanacaste, apoyados por el estado y crean con ellos una nueva identidad nacional  al publicar los folletos de música en la Imprenta Nacional,  esta música junto a los  himnos patrios establecieron las bases para la educación musical en el país, educación que desemboca en la creación de la Orquesta Sinfónica Nacional y el Conservatorio Nacional de Música en la década de los cuarenta

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NOTAS

1. Randall Rodríguez; Consuelo Arce. El quehacer musical en Santo Domingo, Tesis para optar el grado de licenciatura en estudios latinoamericanos. (Heredia: Universidad Nacional, 1997) 118.

2. María Clara Vargas Cullell. De las fanfarrias a las salas de conciertos: música en Costa Rica, 1840-1940. (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2004) 136.

3 .Rodríguez; 119.

4.Vargas, 141

5. Rodríguez; 120.

6. Vargas,143

7. El disco está en formato de 78 rpm y se encuentra en la Biblioteca Pública de Santo Domingo de Heredia, contiene solo las obras de Koehler y Pessard y está acompañado por el pianista Leslie Leigh.

8 .Vargas, 195

9.Bernal Flores. José Daniel Zúñiga. (San José: Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, 1976) 36-37.

10. Rodríguez, 129.

11. Ibid, 131.

12. Ibid, 136.

13. Este catálogo fue documentado por Randall Rodríguez y Consuelo Arce en El quehacer musical en Santo Domingo, Tesis para optar el grado de licenciatura en estudios latinoamericanos. 238.

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REFERENCIAS

Flores, Bernal. José Daniel Zúñiga. San José: Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, 1976.

__________. La Música en Costa Rica. San José: Editorial Costa Rica, 1978.

Rodríguez, Randall, y Arce, Consuelo. El quehacer musical en Santo Domingo, Tesis para optar el grado de licenciatura en estudios latinoamericanos. Heredia: Universidad Nacional, 1997.

Vargas Cullel, María Clara. De las fanfarrias a las salas de conciertos: música en Costa Rica, 1840-1940. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2004.

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* GABRIEL GOÑI DONDI es flautista de la Orquesta Sinfónica Nacional y Profesor de flauta en el Instituto Nacional de Música, ambas en San José, Costa Rica.

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